Entregamos a la muerte tu esqueleto de hierro oxidado, tus venas
de alambres de cobre, tus intestinos de fibra óptica y tu corazón de litio
descargado. Pero tu memoria, sigue viva, en nuestro disco rígido.
Se murió Maradona. Una persona a la que se le atribuyen un sinnúmero de atributos y defectos, que van desde la categoría de Monstruo al de Dios sin hacer paradas intermedias. A mí, me interesa la capacidad igualadora que tuvo su trayectoria profesional. Diego, fue un gran igualador. Logró poner en igualdad de condiciones al pibe de la villa con los de las clases más altas. Porque la desigualdad social también se sentía, y se siente en la cancha. Porque, la gran mayoría de los pibes de la Argentina se pelan las rodillas en las canchas de tierra pelada y arcos de escombros, y jamás conocen el verde césped. Maradona fue quien mejor logró igualar por un rato la balanza, y su vida es testimonio de ello. Por mérito propio, dirán algunos. Sus habilidades futbolísticas no sólo eran innegables, fueron excepcionales, extraordinarias. O acaso todos los chicos de las villas no son virtuosos jugadores de futbol, y los chicos de cada barrio, de cada pueblo de este país. Sin embargo, no alcanza con t...
Es el primer día hábil del mes y Pedro ya cobró los pocos pesos de su jubilación. Bien temprano agarra la bicicleta y pedalea hasta la agencia que le queda de camino al supermercado. Desde hace bastante su esperanza se imprime en un ticket y tres números: doscientos pesos al 21 a la cabeza, con el 13 y el 17. Después compra las mercaderías en el supermercado y regresa a la casa con las bolsas colgando del manubrio de la bicicleta. Pedalea pensando en lo que hará si saca la quiniela. Desde que se jubiló se le instaló la peligrosa convicción de que su destino depende de las leyes de la probabilidad quinielera. Cuando regresa a la casa, Antonia, su mujer, ya tiene preparado el mate y las galletitas que dispone con delicadeza sobre una servilleta en una panera de vidrio, sobreviviente de los regalos de casamiento. Pedro guarda las cosas en la alacena, y en la heladera. Luego, la costumbre lo sienta junto a Antonia, a tomar mates en el patio, en el plácido silencio de una mañana de primaver...
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