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Suerte

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Es el primer día hábil del mes y Pedro ya cobró los pocos pesos de su jubilación. Bien temprano agarra la bicicleta y pedalea hasta la agencia que le queda de camino al supermercado. Desde hace bastante su esperanza se imprime en un ticket y tres números: doscientos pesos al 21 a la cabeza, con el 13 y el 17. Después compra las mercaderías en el supermercado y regresa a la casa con las bolsas colgando del manubrio de la bicicleta. Pedalea pensando en lo que hará si saca la quiniela. Desde que se jubiló se le instaló la peligrosa convicción de que su destino depende de las leyes de la probabilidad quinielera. Cuando regresa a la casa, Antonia, su mujer, ya tiene preparado el mate y las galletitas que dispone con delicadeza sobre una servilleta en una panera de vidrio, sobreviviente de los regalos de casamiento. Pedro guarda las cosas en la alacena, y en la heladera. Luego, la costumbre lo sienta junto a Antonia, a tomar mates en el patio, en el plácido silencio de una mañana de primaver

El gran igualador

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Se murió Maradona. Una persona a la que se le atribuyen un sinnúmero de atributos y defectos, que van desde la categoría de Monstruo al de Dios sin hacer paradas intermedias. A mí, me interesa la capacidad igualadora que tuvo su trayectoria profesional. Diego, fue un gran igualador. Logró poner en igualdad de condiciones al pibe de la villa con los de las clases más altas. Porque la desigualdad social también se sentía, y se siente en la cancha. Porque, la gran mayoría de los pibes de la Argentina se pelan las rodillas en las canchas de tierra pelada y arcos de escombros, y jamás conocen el verde césped. Maradona fue quien mejor logró igualar por un rato la balanza, y su vida es testimonio de ello. Por mérito propio, dirán algunos. Sus habilidades futbolísticas no sólo eran innegables, fueron excepcionales, extraordinarias. O acaso todos los chicos de las villas no son virtuosos jugadores de futbol, y los chicos de cada barrio, de cada pueblo de este país. Sin embargo, no alcanza con t

La venganza del hisopado

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Antonio es camionero. Le hacen el test de covid 19 porque tiene que hacer un viaje, y es lo que piden para dejarlo entrar a destino. Le hacen el hisopado de costumbre. De tantas veces que le han violado la nariz, ya no siente nada. Unas horas más tarde, en su habitación de aislamiento, le cae el médico, a quien jamás le ha visto la cara resguardada detrás del barbijo y la máscara, pero le conoce la voz de memoria. Llega hasta la puerta con un policía, que lleva un cuaderno y una birome. Esta vez es distinto. Se da cuenta enseguida. Te dio positivo Antonio, dice sin más el médico. Pero, no te preocupes vas a estar bien. No tenés fiebre así que no tenés por qué preocuparte. Pero no vas a poder viajar, y te vas a tener que quedar hasta que te dé negativo, le advierte. Antonio entiende, y acepta, qué más puede hacer. Eso sí, le dice el médico, necesitamos saber tus contactos cercanos de estos últimos días. Mira al policía que se mantiene a una distancia segura y se apresta a tomar nota. An

INFORME

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Carácter: clasificado Urgente. El presente informe da cuenta que, lo que hubo de ocurrir  ocurrió según lo previsto, y generó las consecuencias propias para las causantes que le dieron origen. Esta situación genera las incertidumbres acostumbradas a este tipo de eventos plausibles dentro de los paradigmas contemporáneos. Vale aclarar que la situación que refiere lo informado se articula con situaciones similares referidas por otros informes de igual tenor y envergadura, lo que evidencia la dinámica particular que subyace a las propiedades unívocas de lo informado. Demás está decir entonces la importancia de un posicionamiento claro y contundente que afronte los desafíos de esta nueva eventualidad. En conclusión, se sugiere extremar recaudos ante futuras situaciones que de seguro se sustanciarán de acuerdo a los señalamientos antes mencionados. Lic. Cosme Thikos Especialista en sustanciación de integralidades foráneas. Coach de multiespacios neurovinculares.

Incontenible

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La ciudad yace envuelta por la noche, parece desierta. Antonia regresa a su casa luego de un largo día de trabajo. Camina de prisa, con la cabeza gacha. De un oscuro callejón sale un malhechor y arremete contra ella. Le apunta con un arma y le exige que le entregue el dinero que lleva encima. Antonia levanta la cabeza, lo mira a los ojos y se sonríe. Al principio es una sonrisa nerviosa, acaso inocente pero en un instante se convierte en una risotada que explota sin control. El delincuente intenta dispararle, acallarla definitivamente pero el arma no funciona. La mujer no aguanta la risa, intenta controlarse pero la risa la desborda, la supera, se apodera de su ser. Le saca lágrimas, le hace doblar las rodillas, le retuerce el estómago, finalmente cae al piso y se revuelca de la risa.  El hombre maldice por lo bajo y huye lo más rápido que puede. Al tiempo que se encienden las luces en las ventanas de los vecinos. La mujer, tirada en el piso, no para de reír. Pronto, un vehículo de seg

El comandante Kev y la Televida

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©Sandro Centurión Cuando la vida en la tierra se extinguió definitivamente, quedaron encendidas, en todo el planeta, una gran cantidad de pantallas y televisores. Ligados a las redes eléctricas de energía nuclear pudieron permanecer en funcionamiento durante miles de años.  Una nave alienígena aterrizó en medio de una enorme ciudad fantasma. Descendieron un grupo de tres criaturas, provenientes de algún punto distante en el espacio exterior. Los extraños seres a los que llamaremos Kev, Lot y Qir recorrieron las calles vacías, y los edificios en ruinas. Kev era el más grande, y quien comandaba la expedición. Lot y Qir lo secundaban, y se mantenían a cierta distancia de Kev. El comandante permanecía atento a los detalles del extraño terreno que ahora recorrían. Los otros parecían estar más interesados en los olores y sonidos. Los extraterrestres anduvieron un rato reconociendo la geografía de ese extraño nuevo mundo que pisaban por vez primera. Se internaron hasta las periferias de la ci